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Miscelanea científica

Publicado en por David López Cardeña

Espacio de comunicación para publicar los comentarios y noticias que consideres de interés y relevancia para tus compañeros.

Gracias a Sebastian por haberme hecho pensar en la creación de esté enlace en el blog.

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cesar 11/08/2010 06:36



profe aqui dejo un link de un blog de antropologia de la universidad del el salvador que se me hizo muy interesante ya que incluye varios trabajos que se estan realizando sobre la
antropologia del parentesco, de la pobreza entre otras:


http://rinconantropologico.blogspot.com/


 



David López Cardeña 02/15/2011 01:42



Que tal Cesar, extraño tus visitas al blog y sobretodo que ya no encuentro colaboraciones de tu parte. Ojala y pudieras seguir colaborando dce manera más organizada conmigo en la construcción
cotidiana de este blog. Si te interesa ponte en contacto conmigo y me ayudas a administrarlo. Un saludo



RicardoValadez Vázquez 10/19/2010 00:12



Extractos de la introducción de “Sociedades Movedizas. pasos hacia una antropología de las calles”, de Manuel Delgado.


“Por doquier, constantemente podemos dar con pruebas de la actualidad de un viejo contencioso inherente a la historia misma de la edad moderna:
el que opone el conjunto de manera de vivir en espacios urbanizados -la cultura urbana propiamente dicha- a la estructuración de las territorialidades urbanas – es decir, la cultura urbanística.
La manera de formular esta apreciación es deudora de la fundamental distinción entre la ciudad y lo urbano que propusiera Henri Lefebvre. La ciudad es un sitio, una gran parcela
en que se levanta una cantidad considerable de construcciones, encontramos desplegándose un conjunto completo de infraestructuras y vive una población mas o menos numerosa de personas, la mayoría
de cuyos componentes no suelen conocerse entre si. Lo urbano es cosa distinta. No es la ciudad, sino las prácticas que no dejan de recorrerla y de llenarla de recorridos; la “obra perpetua de los
habitantes, a su vez móviles y movilizados por y para esa obra” (H. Lefebvre, El derecho a la ciudad, península, Barcelona, 1978)”


“Lo urbano suscita un tipo singular de espacio social: el espacio urbano. Como todo espacio social, el espacio urbano resulta de un determinado
sistema de relaciones cuya característica singular es que el grupo humano que las protagoniza no es tanto una comunidad estructuralmente acabada – a la manera como la antropología ha venido
asumiendo como su modo tradicional de estudio -, sino más bien una proliferación de marañas relacionales compuestas de usos, componendas, impostaciones , rectificaciones y adecuaciones mutuas que
van emergiendo a cada momento, un agrupamiento polimorfo e inquieto de cuerpos humanos que solo puede ser observado en el instante preciso que se coagula, puesto que esta destinado a disolverse
de inmediato…..”


“Esta voluntad (la del urbanizador/político) de amaestrar lo urbano es lo que explica la tarea del urbanista en muchas ocasiones, que suele ser
la de propiciar la quimera política de un espacio urbano orgánico y tranquilo, estabilizado o , en cualquier caso , sometido a cambios amables y pertinentes, protegido de las dinámicas que lo
convertirían a la menor oportunidad en escenario para el conflicto , a salvo de los desasosiegos que suscita lo social en acción. Su apuesta es a favor de esa polis a la que suele servir
y en contra de la urbs a la que teme. Para ello se vale de un repertorio formal hecho de rectas, curvas, centros, radios, diagonales , cuadriculas , pero en el que suele faltar lo
imprevisible y azaroso. Ahora bien, más allá de los planes y los planos, lo urbano es otra cosa. Es la sociedad que producen los urbanitas, la manera que estos tienen de gastar
los espacios que utilizan y al mismo tiempo crean. Son los practicantes de la ciudad quienes constantemente se desentienden de las directrices diseñadas, de los principios arquitecturales que han
orientado la morfología urbana y se abandonan a proporciones efímeras y transversales, todo un acento poliédrico e interminable de acontecimientos, de descargas energéticas moleculares o masivas.
Se sueña con una ciudad digitalizada y se encuentra con una ciudad manoseada, gastada por las vidas que la recorren y que la someten a intereses y funciones otros y lo pliegan a todo
tipo de argucias de apropiación.”


“Esa critica a los intentos por serenar como sea el espacio urbano tiene hoy más que nunca mas razón de ser en cuanto se les ve acompañando
estrategicamente las grandes dinámicas de reapropiación capitalista de la ciudad -terciarizacion, tematización, gentrificación, exclusión de los indeseables por pobres o por ingobernables- . En
cualquier caso, tal denuncia no debería interpretarse como una descalificación de la proyección urbana en si misma. No se cuestiona que una ciudad es una entidad que debe ser administrada y
planificada., Se supone que esa acción centralizadora deberá garantizar el bienestar de los habitantes, satisfaciendo sus necesidades -infraestructura, servicios, vivienda- y protegiendole de los
abusos a que inevitablemente tiende un sistema que codicia la ciudad y actuá para verla convertida en beneficios. Así pues, no se cuestiona aquí la necesidad y hasta la urgencia de planificar las
ciudades. Las ciudades pueden y deben ser planificadas. Lo urbano, no. Lo urbano es lo que no puede ser planificado en una ciudad, ni se deja. Es la maquina social por excelencia, un colosal
artefacto de hacer y deshacer nudos humanos que no puede detener su interminable labor. En cambio, en todo el mundo se pueden encontrar evidencias de que el proceso que se sigue es exactamente al
contrario. Se planifica lo urbano -la calle y la vida que se despliega en y por ella- , pero no la ciudad, que es vendida para que el más feroz de los liberalismos la deprede y haga de ella un
negocio. Se estimula la propiedad pero se restringe la apropiación. En realidad, una cosa es consecuencia de la otra: la renuncia de la administración pública a planificar la ciudad, para
entregarla al desorden especulador y a su conversión en producto de y para el consumo, sólo es posible manteniendo rigurosamente vigilados los espacios por los que transcurre una vitalidad urbana
contemplada siempre como obstáculo para el buen marketing urbano y como fuente de desasosiego para cualquier forma de poder político.”



David López Cardeña 02/15/2011 01:43



Hola Ricardo, ya no vas a seguir colaborando con el blog? Animate y juntos hagamoslo mejor. Un saludo



Ricardo Valadez Vázquez 10/05/2010 16:55



Hola bueno espero y les guste este artículo se cuidan:


 


Jean Baudrillard (1929-2007) Viral y metaléptico


Jean Baudrillard (1929-2007), uno de los escritores más singulares y provocativos de la era contemporánea, acuñó desde las
páginas de libros imprescindibles varias de las nociones con las que el siglo XXI ingresa al discurso filosófico. A pocos días su fallecimiento, recordamos a este pensador poliédrico, irónico,
tránsfuga de toda clasificación, con un repaso de su obra a manos de Armando González Torres , y con
una extensa entrevista en la que el autor de Cultura y simulacro efectúa, con la lucidez que le era propia,
la réplica a sus propias palabras, realizada por Pierre Boncenne .


Jean Baudrillard: la teoría como ficción


por ARMANDO GONZÁLEZ TORRES


 


Jean Baudrillard (1929-2007) es una figura que, aunque se reputaba irreverente y solitaria,
resulta típica de cierto perfil intelectual descollante en nuestros tiempos y representa una de las voces más intemperantes del espíritu de la época llamado posmodernismo. Autor
multidisciplinario, su obra pasa desde una perspectiva de coloración marxista sobre la industrialización y la sociedad de consumo hasta una indagación profundamente pesimista, a ratos sugerente y
a ratos delirante, de la época posmoderna. La trayectoria y recepción de Baudrillard —de modesto profesor de sociología en los 60 a superestrella intelectual en los últimos 20 años— muestra la
forma en que la herencia radical ha penetrado en el pensamiento y la teoría moderna y ha influido no sólo en segmentos significativos de la academia humanística, sino en un nutrido público
contracultural, ávido de una educación sentimental que contemple como asignaturas el arte de la sospecha, la virtud de la rebeldía y la subversión del sentido.


No es fácil referirse a una obra ambiciosa, prolija, voluble y que, en sus últimos años, se
dedicó a torpedear las formas normales de formulación teórica, interpretación y escritura; una obra, además, surcada por múltiples vericuetos, digresiones y reciclamientos y protegida por una
jerga entre científica y esotérica, saqueada de las más diversas procedencias. Puede decirse que en sus primeros libros, El sistema de los objetos, La sociedad de consumo o El espejo de la
producción, publicados a finales de los años 60 y principios de los 70, Baudrillard mezcla el marxismo, el estructuralismo y el psicoanálisis para describir la manera en que el consumo se
convierte en un nuevo eje del orden social y moldea la conducta a través de un complejo sistema simbólico. Para Baudrillard el consumo genera un sistema de prestigios e identidades que
distorsionan las necesidades reales, anuncian la dominación del sujeto por el objeto y conllevan el peligro de conducir a una sociedad habitada por autómatas ignorantes de su interioridad y sus
expectativas más genuinas. Ante este fenómeno de alienación, en El intercambio simbólico y la muerte (1976) Baudrillard, siguiendo la huella de George Bataille, trata de encontrar en las
practicas arcaicas de intercambio, en los festines y dispendios rituales o en determinadas manifestaciones creativas que nieguen el valor, una ruptura con los criterios pragmáticos y, también, la
posibilidad de resistir y subvertir el proceso enajenante y represivo de producción e intercambio del capitalismo.


Esta exploración por el fenómeno de la alienación se profundiza a finales de los 70 y principios
de los 80 cuando comienza a vislumbrar los perfiles de la sociedad posmoderna y “el crimen perfecto” que implicará la sustitución de la realidad por el simulacro. Para Baudrillard, en la sociedad
posmoderna, la producción se desvanece como punto de referencia y de interpretación; las antiguas estructuras e identidades (clases sociales, ideologías) se diluyen; los distintos campos de
actividad (economía, ciencia, estética) sufren una “implosión” y pierden su especificidad, y los conceptos de verdad e historia se desvanecen frente a un sistema omnipotente de reflejos y
simulacros. De manera que en el mundo del simulacro no hay una realidad, sino un monólogo mediático que, al invadir y atrofiar antiguas de interlocución social, se convierte en el artífice
principal de la percepción del mundo. La hegemonía del simulacro se consolida mediante la proliferación ininterrumpida, a través de las más diversas extensiones tecnológicas, del ruido y la
imagen en la existencia del individuo. La hiperrealidad de los medios, con su oferta de informaciones de actualidad, sensaciones prestadas y paraísos artificiales, diluye las distinciones entre
público y privado o suceso mediático y fáctico y sustituye una vida cotidiana cada vez más pobre y desprovista de significado. La hiperrealidad mediática no sólo constituye un medio de
sustitución temporal, sino de codificación y encauzamiento del pensamiento y la conducta humana. El mundo deviene entonces en un lugar de pesadilla, gobernado por un azar delirante que rebasa
cualquier intencionalidad; en un sombrío escenario de la muerte del hombre, en donde las instituciones que la Ilustración destinaba a emanciparlo —el progreso científico, la cultura y la
democracia— se vuelven sus sepultureras.


Pese a su dramatización, esta observación del mundo posmoderno sin duda ofrece diversos hallazgos
y claves valiosas para el análisis. A partir de esta intuición inicial, Baudrillard pretende la formidable empresa de distinguir las distintas manifestaciones de la metamorfosis posmoderna en las
más diversas áreas, desde la filosofía y la ciencia hasta la cultura popular y la vida cotidiana. Sin embargo, este intento, lejos de encauzarse en estudios empíricos, implica un cambio en la
forma de análisis y su obra se vuelve todavía más ecléctica y desconcertante tanto en las fuentes de interpretación como en el estilo. Más que nunca desprovista de ataduras y obligaciones
académicas, la obra de Baudrillard deriva, a medida que su fama crece, hacia un género libérrimo (donde caben el ensayo, el aforismo o el conjuro), que oscila entre la búsqueda de la revelación,
el infantilismo y la


verborrea. Al tiempo que su ataque a las ideas de verdad y su relativismo axiológico se
profundizan, Baudrillard adopta posturas controvertidas en lo político, que van desde una excéntrica interpretación de la guerra del Golfo hasta la celebración de la no ratificación de Francia a
la Constitución Europea pasando por una valoración, por decir lo menos, ambigua de los atentados terroristas del 11 de septiembre.


En suma, entre la sociología, la filosofía y la ciencia ficción, Baudrillard crea una trama que
hace al individuo víctima de dominaciones anónimas y ubicuas a menudo representadas con entelequias como la tecnología o “el sistema”; que condena toda forma de institucionalidad y discurso como
intrínsecamen



sebastian 10/01/2010 04:24







sebastian 10/01/2010 04:19