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Epistemologías de la antropología

Publicado en por David López Cardeña

 

 

Epistemologías de la antropología

 

por Nicholas Thomas

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Ciencia imposible. La antropología mexicana entre la academia y la acción.

Publicado en por David López Cardeña

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COMENTARIOS A LA OBRA DE CARLO ANTONIO CASTRO

Publicado en por David López Cardeña

Comentarios a la obra de Carlo Antonio Castro

 

El maestro Carlo Antonio Castro

Diario de Xalapa

14 de abril de 2010

 

Román Güemes Jiménez*

Xalapa, Veracruz.-En la obra del maestro Carlo Antonio Castro reconocemos, en un primer momento, que la búsqueda y el trasteo han sido permanentes y minuciosos. En la búsqueda se vislumbra al hombre que requiere reconocerse a sí mismo bajo la constante del trabajo y la dedicación. La búsqueda y el encuentro se desarrollan como dos actos que vinculan el arduo trabajo creativo y el hallazgo azaroso.

En la obra del maestro Carlo Antonio Castro la literatura y la antropología, como creación artística e investigación social, se entrelazan de modo natural confiriéndole a todos los textos un carácter poético y científico indisoluble.

Con él hemos aprendido que las lenguas son un insoslayable instrumento para un eficaz conocimiento del hombre y su entorno cultural; de ahí su llamada de atención al etnólogo mexicano en el sentido de una mejor preparación lingüística que le permita recoger la información al castellano, para obtener mediante ese proceso toda la riqueza y veracidad de los datos.

En el caso de la novela antropológica Los hombres verdaderos, se reconoce el empleo de la lengua como un medio en que se aspira a descifrar el individuo para conocer su universo. Porque la lengua nombra las cosas. Lengua y cosas constituyen dos universos que son interpretados por una imaginación, por una memoria, es decir, por un mismo pueblo cargado de vida cotidiana, historia y cosmogonía. Es así como observamos que el aprendizaje de la lengua y el conocimiento del uso correcto de un idioma tiene el propósito de conocer, revalorar y difundir la capacidad creadora del hombre.

Con la lengua se descubre y se pone de manifiesto la identidad de los pueblos, esto queda corroborado en Narraciones Tzeltales, donde se perciben las magnificencias de los hallazgos tanto en la fauna mágica como en las pautas añejas y, también, en las voces jóvenes. De ahí la importancia de reconocer la trascendencia de la lingüística como instrumento de conocimiento científico, además de ser un importante medio que nos permite aproximarnos a la sensibilidad de otras comunidades de seres que vibran frente al sol y a la luna. De tal suerte, la tarea fundamental del lingüista es la de descubrir y explicar la esencia, naturaleza, organización y funcionamiento de la expresión verbal humana, la realización del lenguaje: el habla. Pero sabemos que el campo de influencia del lingüista, además de sustentar un método científico para conocer la estructura de un idioma, requiere, repetimos, compenetrarse de la lengua estudiada para entender plenamente la visión, el compromiso y las dificultades que implican dos culturas y dos formas de expresión.

Al leer su más reciente obra antropológica de eminentes rasgos literarios y filosóficos (porque desde la cultura reflexiona sobre el origen del ser como totalidad), titulada Enero y Febrero ¡Ahijadero! El banquete de los compadres en la Sierra Norte de Puebla, reconocemos la preocupación del autor por indagar el origen de la comunidad estudiada: los totonacas de la Sierra Norte de Puebla.

El primer contacto con la ceremonia se efectuó del 20 de septiembre al 10 de octubre de 1954, temporada en que realizó su primera investigación de campo en los pueblos serranos de Ahuacatlán, Amixtlán y Cuautotola. En 1957 registró datos en comunidades del municipio de Zacatlán, Puebla. En octubre de 1973 regresa nuevamente a la zona de Amixtlán, Cuautotola y Ahuacatlán, concretamente a la comunidad de San Andrés Tlayehualantzingo. La búsqueda del compadre tlacuas lo hace recorrer casi toda la totalidad del territorio totonaca, porque en 1974 se dedica a estudiar la región totonaca de Pantepec y Mecapalapa, Puebla, e Ixhuatlán de Madero, Veracruz. También estuvo en Coyutla, Veracruz, donde encontró vestigios de una ceremonia llamada tawá, "la comida o la fiesta del hijo". Su propósito al recorrer el territorio totonaca era, primeramente, comprobar una de sus hipótesis centrales: que sólo donde había contacto nahua-totonaca se encontraba y operaba el compadre tlacuas, ceremonia de tránsito, sincretismo de estas dos culturas. Comprobado todo esto al iniciar, junto con sus alumnos de lingüística, el Proyecto de Investigación Dialectología del Totonaca Misanteca. En Misantla, por ejemplo, no se encontró está ceremonia.

Volviendo a Enero y Febrero... señalaremos de nueva cuenta que de una idea general de la cultura converge a la particularidad del compadrazgo y sus implicaciones. En este sentido señala la importancia del fuego como una deidad purificadora y creadora, pero también hacedora de mitos encarnados a la vida y la muerte. Este fenómeno no sólo es abordado a través de la semántica lingüística sino que busca su relación con la semántica codexiológica a la que dedicó 15 años de investigación, logrando comprobar que la ceremonia compadre tlacuas tiene una connotación eminentemente lunar. En las indagatorias posteriores, realizadas en otras fuentes, ha comprobado y reforzado esta idea de que los totonacas no son un pueblo de sol, sino de luna, existiendo la posibilidad de que esta idea pueda ser valedera en otras culturas por sus implicaciones etimológicas y semánticas. Descubre, revela y revalora el mito del fuego (tan presente en otras tantas ceremonias, pero tan escasamente estudiado) para devolver a la etnia su identidad y su capacidad creativa.

Por esta razón, los aportes de Enero y Febrero..., los más inmediatos, se resumen en la claridad con que los datos son expuestos y analizados, por la decisión y calidad literaria con que están expresados, pero sobre todo porque marcan un hito en el proceso de búsqueda y encuentro de las futuras investigaciones antropológicas.

No queremos omitir que Los hombres verdaderos y Enero y Febrero ¡Ahijadero! son dos culminantes ejemplos: el primero de recreación literaria antropológica y el segundo de análisis antropológico ontogónico; ambos nos permiten vislumbrar en esa sucesión de búsquedas y encuentros los rostros de hombres verdaderos.

Desde un principio, en trabajos etnológicos como los es Usila, morada de colibríes, se prefiguraban las directrices que recorrían el científico y el poeta como hombre comprometido con su tiempo.

* Colaborador

 

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EL ÚLTIMO BANQUETE CON CARLO ANTONIO CASTRO GUEVARA

Publicado en por David López Cardeña

Publicado el 14 y 15 Abril 2010 en el Diario de Xalapa

Marcelo Ramírez Ramírez

El nueve de abril nos reunimos Julio César Martínez, Jesús Jiménez Castillo y quien esto escribe para platicar acerca de ciertos proyectos relacionados con las fiestas del Bicentenario. Algunos trabajos de nuestra autoría ya habían aparecido en la excelente revista Centenarios, revoluciones sociales en Veracruz, publicada por la SEV y de la que el maestro Martínez es Director editorial. En algún momento de la charla recordamos al maestro Carlo Antonio Castro Guevara, con quien los ahí presentes reconocimos una deuda intelectual por las muchas horas que Carlo nos había dedicado a cada uno por su lado, compartiéndonos no sólo sus amplios intereses culturales, sino el hondo sentido de promoción humana que veía en el estudio y difusión del conocimiento. Carlo Antonio hizo, a lo largo de más de cinco décadas de enseñanza e investigación, aportaciones significativas en diversos campos de las ciencias sociales y las humanidades. Su talante intelectual fue el de un hombre del renacimiento, ávido de abarcarlo todo y de hurgar en lo más profundo de las realidades que despertaban su afán inquisitivo. Ambición de totalidad y necesidad de rigor, de no abandonar un tema sin antes dominarlo, eran propósitos que podía conciliar gracias a su inteligencia poderosa y a un ejercicio de autodisciplina a que se sometía para sacar adelante las tareas sin tregua y sin descanso. Me parece digna de destacarse la coincidencia de que de los escritores veracruzanos contemporáneos reconocidos por la calidad de su prosa, tres sean antropólogos, me refiero a Gonzalo Aguirre Beltrán, Félix Báez Jorge y el propio Carlo Antonio Castro Guevara.

El maestro Carlo venía padeciendo de hace ya varios años problemas de salud, que se agudizaron en el curso de los últimos meses. Julio César Martínez comentó que al visitarlo en el Centro de Especialidades Médicas, lo había encontrado sumamente debilitado. Carlo, a quien conocimos como hombre de gran vigor e imponente presencia con su andar de oso en los pasillos de Humanidades, estaba cediendo cada día más al acoso de una enfermedad insidiosa. En esos momentos, al recordar al maestro y al amigo, decidimos visitarlo en su casa a donde, quizá por petición del mismo Carlo, había sido trasladado para continuar con su tratamiento en el ambiente cálido del hogar. Julio César Martínez aceptó gustoso solicitar el permiso a la maestra Carmen Vargas Delgadillo, esposa de Carlo y desde luego a éste, para poder visitarlo. La petición fue atendida con gentileza por ambos y así fue como nos trasladamos al hogar de la familia Castro-Vargas. Ya la maestra nos esperaba y rápidamente accedimos a la sala para de ahí pasar a una pequeña habitación en la planta baja, donde el maestro Carlo se hallaba recostado en una cama individual. El cuarto impecablemente limpio, hubiera dado a cualquiera la impresión de total normalidad, si no fuera por el rostro consumido de nuestro querido amigo, cuyo cuerpo, en extremo delgado, apenas hacia presión sobre el colchón de la cama. Por lo demás, el maestro era el de siempre; con lucidez extraordinaria, sin detenerse más que brevemente en el tema que parecía obligado de su enfermedad, empezó a tocar las cuestiones que siempre habían motivado su interés. Fue así como surgió el tema de la reedición de Los hombres verdaderos, llevada a cabo recientemente por la Universidad Veracruzana, con prólogos de Sergio Galindo y Raúl Hernández Viveros y un ensayo de Roberto Williams García. En la parte final, bajo el título de Voces en torno a Los hombres verdaderos, se recogen juicios de César Rodríguez Chicharro, Martín Lienhard y Antonio Tejeda-Moreno. Carlo se mostraba complacido y recordó el nacimiento de esta obra durante su estadía en los Altos de Chiapas, cuando, muy joven, hacía trabajo de campo en las comunidades tzeltales. “Cuando era niño, recuerda, tuve una nana en Guatemala a donde nos había llevado mi padre al escapar de la dictadura que agobiaba a El Salvador. Mi nana me hablaba en mayaquiché, lengua que yo no entendía, pero me acostumbré a los sonidos y así, la escucha me preparó para el aprendizaje del tzeltal; éste me resulto muy fácil.” Fue el dominio de esta lengua, donde se conservan los tesoros de la tradición oral de los tzeltales, la que permitió al joven antropólogo recrear, en un castellano de alta calidad literaria, una visión del mundo y del hombre, fiel en esencia y contenido al relato indígena. Y así nació Los hombres verdaderos. Carlo Antonio sigue evocando su infancia y juventud; por sus palabras se comprende que su nana fue figura clave en su formación y, desde luego, su padre, de quien dice, aprendió a respetar la dignidad y cultura de los pueblos étnicos: “desde entonces siempre los respeté y aprendí a valorar lo que significan como parte de nuestras raíces”. Sonríe y pasa a otro tema cuando recuerda su lectura de las Mil noches y una, subrayando esta forma de aludir al título de la obra más famosa de la literatura árabe. En ese libro traducido al inglés e ilustrado con bellas estampas, le fue más fácil aprender el idioma de Shakespeare; ya se advertía, por otra parte, su disposición para el aprendizaje de las lenguas, que habría de convertirlo en un lingüista connotado. Después nos cuenta otros pasajes de su vida y llega a la época en que es invitado por el doctor Gonzalo Aguirre Beltrán en 1958, para integrarse al grupo de maestros e investigadores con los que iniciaría el despegue y reconocimiento internacional de la Universidad Veracruzana. Para Carlo fue una etapa de trabajo intenso, de creatividad, de entusiasmo; llegó para enseñar y seguir aprendiendo con la tenacidad que le fue característica. Mientras otros permanecieron sólo algunos años, pocos, entre ellos muy señaladamente el maestro Carlo, decidieron permanecer en Xalapa, echar raíces haciéndose xalapeños, hasta llegar a ser parte del paisaje humano de nuestra ciudad.

Carlo nos platica de su participación en las más variadas iniciativas académicas y de sus aportes como maestro, investigador y escritor. Su formación, experiencia y logros en distintos campos del conocimiento, elevaron su prestigio obligándolo al mismo tiempo a multiplicarse para cumplir compromisos en las carreras de historia, pedagogía, idiomas, letras y desde luego antropología, de la que fue uno de sus más sólidos pilares. El maestro Carlo llegó a la edad de 84 y puede decirse que los vivió con plenitud, dejando una herencia de valor académico y humano que asegura su permanencia entre nosotros. Nos sonríe y nos agradece la visita. Todavía antes de abandonar su casa, nos pregunta si estamos “haciendo cosas” y nos invita a seguir adelante. Hacemos el compromiso de volver pronto; Jesús Jiménez le da un abrazo, luego me toca a mí; el último en salir es Julio César Martínez, quien es visitante asiduo de la casa y goza de la confianza de la familia. La maestra Carmen Vargas nos despide en la puerta que da a la avenida Araucarias con su natural amabilidad. No sabíamos en esos momentos que muy pronto la veríamos nuevamente, en la sala donde se velaría al maestro Carlo Antonio Castro Guevara en Bosques del Recuerdo. El maestro Carlo murió en paz seis horas después de nuestra visita, ese día domingo a las diez quince de la noche. Nos había participado de su último banquete socrático. Descanse en paz querido maestro.

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Para mis ex-alumnos del C6: EL LADRON DE MITOS, novela antropológica

Publicado en por David López Cardeña

Por fín, Francisco Sánchez Pérez, Curro, me ha enviado desde Madrid su novela El Ladrón de Mitos, en PDF, que es verdaderamente toda "una lectura" sobre el quehacer antropológico y la literatura testimonial. Creanme que vale la pena pasarse dos o tres noches leyendola. Vaya, para los que leyeron El diablo de laFicción, El ladrón resulta indispensable.
Por cierto les envía saludos (C6) y los invita a leer y mandar sus dudas, comentarios, etc.


Quien esté interesado puede buscarme para darle el archivo.

 

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AUGé, Marc. El objeto de la antropología hoy.

Publicado en por David López Cardeña

Un interesante enlace con el artículo de Augé, donde aborda un análisis en torno a los aspectos que delimitan la actividad antropológica en la actualidad. link

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Marc Augé y la antropología del mundo contemporáneo

Publicado en por David López Cardeña

Interesante resumen de la visita de Marc Augé para desarrollar en Murcia, España una serie de conferencias en torno al quehacer contemporáneo de nuestra disciplina. En este caso Pedro Medina, nos recupera algunas de las reflexiones por Augé vertidas. link

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Desde el punto de vista del Etnógrafo o la perspectiva Etic en la investigación antropológi

Publicado en por David López Cardeña

Hey, aquí les dejo este enlace para que puedan "sembrar" su trabajo sobre el aspecto Etic/Conductual.
Nos vemos el martes con Rosana Guber y sus comentarios sobre la Entrevista.
Buen fin de semana a tod@s. 

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Gracias por su confianza!

Publicado en por David López Cardeña

Que tal muchach@s del C6,

Siempre estaré convencido de que el aprendizaje es inacabable y con ustedes aprendo mucho cuando nos instalamos en un sendero de comunicación que nos permite enfrentar nuestras incertidumbres.

Tienen todo el derecho y razón para estar preocupados por su futuro profesional y creo que estan dando pasos correctos para enfrentarlo: buscar caminos para la resolución de sus dudas e interrogantes. 

Como les he señalado lo importante es encontrar los senderos más claros para desarrollar su interés en el amplio campo de nuestra disciplina, sin adjetivaciones que solo les sumerjan en un circulo vicioso y laberíntico del que de repente no sientan como salir.

He tratado de que conozcan, elementalmente, los senderos y mares por los que hace su andar y su navegar el antropólogo social sin demérito ni denostacion de nuestras disciplinas vecinas, pero eso sí, argumentando y ejemplificando con apoyo de "autoridades en la materia" la riqueza de la experiencia de hacer de la AS un verdadero proyecto de vida; evidentemente hay mucho más que eso, pero su travesía apenas se inicia y conforme avance su viaje irán descubriendo más sobre la verdadera esencia del quehacer que hoy apenas balbuceantemente hemos encarado. 

Saber hologramático y multidimensional es el punto de partida para el viaje antropológico y ustedes deben reflexionar seriamente sobre la elección de aquella arista que mejor visión y perspectiva se les presente para continuarlo.

Para finalizar, les señalo aquí un link para iniciar un diálogo con Lisón Tolosana; creo que les puede ser muy interesante.   Solamente "puchenle" aquí: link.

Buen fin de semana y buen viaje para los que se van al Altiplano. Aprovechen la disposición y la experiencia de la Mtra. Gladys, que guarda vitalidad para compartir con ustedes esta posibilidad de acercamiento con su quehacer.

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Los antropólogos: dueños de la cultura.

Publicado en por David López Cardeña

Letras Libres abril 2007

LOS ANTROPÓLOGOS: DUEÑOS DE LA CULTURA

Los administradores del imperio británico no estudiaban administración, sino griego.Lo dice Ortega y Gasset en Una interpretaciónde la historia universal, y lo confirmaLeonard Woolf, que estuvo siete años enel gobierno de Ceylán, antes de casarse conVirginia Stephen: “No hacíamos otra cosa”que estudiar a los clásicos. P.N. Furbank explica que la educación de Woolf “estuvocentrada en los clásicos griegos y latinos;indispensables, como todos estaban deacuerdo, para un joven que aspira a gobernaren las colonias, o hacer cualquier otra cosa en el serviciopúblico” (The New York Review of Books, 21 xii 06).Así empezó también la antropología universitaria: por elestudio de las lenguas, textos, objetos y monumentos de laAntigüedad griega y romana. Leyendo a Heródoto y Esquilo,estudiando símbolos y mitos, analizando el derecho romano,Johann Jacob Bachofen vio rasgos contradictorios con las institucionespatriarcales de Grecia y Roma; los interpretó comovestigios de un derecho anterior, y postuló el matriarcadocomo una etapa previa de la humanidad.Las lecturas interpretativas se extendieron a los testimoniosde los primeros “antropólogos” de campo: los misioneros,navegantes, militares, comerciantes y otros viajeros; asícomo a los archivos de la administración imperial. De ahísalieron los libros de James Frazer, un filólogo clásico que leyóinmensamente y viajó poco. Finalmente, los antropólogosviajaron para estudiar en vivo a las comunidades étnicas. Elimperio apoyaba el estudio de las lenguas y culturas indígenascomo algo útil para administrar las colonias.Bachofen (1815-1887) publicó El matriarcado. Una investigaciónsobre la ginecocracia en el mundo antiguo, según su naturaleza religiosay jurídica, en 1861. Fue leído y celebrado por Lewis H. Morgan(1818-1881), cuyo libro La sociedad antigua. Investigaciones sobre elprogreso humano desde el salvajismo y a través de la barbarie hasta lacivilización (1877) fue leído y celebrado por Marx y Engels. En1884, Engels (1820-1895) publicó El origen de la familia, la propiedadprivada y el Estado, aprovechando la tesis de Morgan.Frazer (1854-1941) publicó la primera versión de La ramadorada. Un estudio de la magia y la religión en 1890, que amplióen ediciones sucesivas porque resultó un bestseller. Hay quetomar en cuenta que, en 1900, el número total de estudiantesuniversitarios en Inglaterra andaba por los 20,000; que sóloel 2% de los miembros del Royal Anthropological Instituteeran antropólogos universitarios (como Frazer, que se pasóla vida en el Trinity College); y que éstos, como los otros,escribían para el lector culto, no sólo para los colegas (HenrikaKuklik, The social history of British anthropology, 1885-1945). Deigual manera, tanto Bachofen, que fue profesor (de derechoromano en Basilea), como Morgan, Marx y Engels, que nolo fueron, publicaban para el público.Émile Durkheim (1858-1917) y su sobrino Marcel Mauss(1872-1950) publicaron Algunas formas primitivas de clasificaciónen 1902; y Mauss, Ensayo sobre el don en 1924. Estaban adscritos(universitariamente) a la sociología. Por entonces, no habíaGabriel ZaidensayoLos antropólogos,dueños de la culturaEn este ensayo, Gabriel Zaid estudia cómo la antropología ha sido la puerta deentrada del nefasto relativismo cultural y cómo es cada vez más una disciplinaacadémica, autorreferencial, sin contacto con el mundo real, al tiempo quedocumenta la etimología y los usos históricos del término “antropología”.abril 2007 Letras Libres 91ninguna cátedra antropológica en las universidades francesas,según Claude Lévi-Strauss (De près et de loin, conversacionescon Didier Eribon); aunque, según James Urry (Alan Bernardy Jonathan Spencer, Encyclopedia of social and cultural anthropology),la primera asociación de antropólogos fue francesa: laSociété des Observateurs de l’Homme, fundada en 1799.La antropología como disciplina universitaria distinta dela filología, de la historia natural, de la arqueología, de la historia,de la filosofía de la historia, del folclor, de la sociología, sefue constituyendo desde mediados del siglo xix. Tuvo su apogeohacia 1970, cuando Lévi-Straussalcanzó una celebridad mundial quenunca había tenido un antropólogo.La especialidad se extendió pormuchas universidades del planeta.La American AnthropologicalAssociation (www.aaanet.org) dicetener 11,500 miembros de 100 países.Son antropólogos de escritorio, másque de campo.Hubo un problema malthusiano.Los antropólogos se multiplicaban,pero las etnias intocadas por la culturaoccidental empezaron a escasear.La oportunidad de “ver a los otroscomo son, cuando sólo Dios los ve”fue desapareciendo. Los imperiosabandonaron sus colonias. La bogadel marxismo llevó a “desenmascararlos escritos antropológicos como lacontinuación del imperialismo porotros medios”. El turismo masivodevaluó la proeza de Haber EstadoAhí: se redujo a “una experiencia depostal turística”. Ahora los antropólogos “escriben sus relatoscon los atriles, las bibliotecas, las pizarras y los seminarios quetienen a su alrededor”. Estar Aquí, “como universitario entreuniversitarios, es lo que hace que la antropología se lea... sepublique, se reseñe, se cite, se enseñe”. (Clifford Geertz, Elantropólogo como autor.)Las tribus tradicionales, despojadas de sus antiguosterritorios por las tribus modernas (cuando no obligadas aquedarse para servir), acabaron arrinconadas en lugares dedifícil acceso, donde, al menos, podían subsistir y conservarsu identidad. Los antropólogos llamaron zonas de refugioa estos lugares. Hasta allá viajaban, para hacer estudios decampo. Pero acabaron en sus propias zonas de refugio: lasuniversidades, donde, al menos, pueden subsistir y defendersu identidad, haciendo estudios de campus.Según The Perseus Digital Library, que tiene una grancolección de clásicos en línea (www.perseus.tufts.edu),anthrôpologos aparece una sola vez en todo el corpus griego quealmacena. Es en la Ética nicomaquea iv, 3, 1125a5. Caracterizandoal magnánimo, Aristóteles dice que no es chismoso (anthrôpologos).H. Rackham traduce: “He is no gossip.” Pero, según elOxford English Dictionary, Filón de Alejandría (que no estáen Perseus) usó anthropologé para decir lo que hoy llamamosantropomorfismo.Con este mismo significado, aparece anthropologia en ellatín del siglo xvi, anthropologie en el francés del xvii, anthropologyen el inglés del xviii y anthropología en el español del xviii:“como cuando se atribuye a Dios trono, brazos, alegría, tristeza”(Diccionario de la lengua castellanade la Real Academia Española, 1726).Según Le Robert dictionnaire historique dela langue française, la palabra anthropologietuvo significados previos en francés:“repertorio de hombres ilustres”(1507), “ciencia que estudia el alma(psicología) y el cuerpo (anatomía)del hombre” (1690), “estudio científicode los caracteres biológicos del serhumano” (principios del siglo xix) yciencia de lo humano, especialmente“en el dominio sociocultural” (hacia1930, calcado del inglés). En inglés,hubo significados previos parecidos;pero, extrañamente, el oed omite laaparición histórica del actual, que presentacomo si “The science of man, orof mankind, in the widest sense” yaestuviera implícito en los significadosprevios. El uso actual (ciencia de lohumano) fue anticipado por ethnologie(1787) y ethnographie (1819) en francés,ethnography (1834) y ethnology (1842) eninglés, que hoy se entienden como parte de la antropología.La etnografía es descriptiva, hace inventarios de los rasgosde cada comunidad que estudia. La etnología pretende irmás allá del inventario, hacer teorías que conecten los rasgosobservados. Kant llamó Anthropologie a un curso que empezóa dar en 1772, publicado en 1797 y pronto reeditado (1800),por su amenidad. Pretende ser “un conocimiento del hombrecomo ciudadano del mundo”, y se ocupa de los rasgos de loscuatro caracteres, los dos sexos y varios pueblos (alemanes,franceses, ingleses, italianos); así como de la imaginación, lamemoria, el gusto, las manías, las pasiones, etcétera.Los antropólogos han hecho de la cultura su especialidad;y promueven el criterio de que todo es cultura, lo cualamplía sus dominios. Según el portal de la aaa, “Nada de lohumano es ajeno a la antropología”. Hay disciplinas afines,pero “únicamente la antropología trata de comprender elpanorama completo de la existencia humana en el espaciogeográfico y el tiempo”, “desde sus comienzos, hace millonesIlustración: LETRA S LIBR ES / Julián Cicerode años, hasta hoy”. “Actualmente, la mitad de los doctoresen antropología trabajan profesionalmente fuera de las universidades”,y lo que pueden hacer en diversas ocupacionesdentro de la economía global parece no tener límite. Loconfirma Clifford Geertz (entrevistado en jac 11.2, disponibleen línea): “El número de cosas que se hacen bajo el nombrede antropología es infinito.”Los antropólogos se habían sentido dueños de una solacultura: la que estudiaban. Lo dice Malinowski, el día en quellega a vivir con los tobriandeses, y empieza a fotografiarlos:“Fotos. Emoción de propietario: Soy yo el que los va a describir,el que los va a crear.” (A diary in the strict sense of the term,citado por Clifford y verificable en Amazon, Search Inside:ownership). Pero superaron esa limitación. Ya no se sientendueños de tal o cual cultura, sino de la cultura. Los artistas,escritores, historiadores, filósofos, sociólogos, lingüistas, ¿quésaben de la cultura? Nada. No es su especialidad.Alfred L. Kroeber y Clyde Kluckhohn hicieron un esfuerzonotable por definir técnicamente la cultura. En Culture.A critical review of concepts and definitions (1952), compilaron ydiscutieron 164 definiciones publicadas desde 1871. Presentanuna tabulación significativa. De 1931 a 1940, las definicionesincluían de uno a cinco criterios (sobre todo tres); pero, de1941 a 1950, llegaron a incluir hasta seis criterios (sobre todocuatro); como si la precisión fuera difícil, y consistiera enacumular criterios. Esta vaguedad ya estaba en la definiciónde 1871: Cultura o civilización “es ese todo complejo queincluye conocimientos, creencias, arte, leyes, moral, costumbresy cualesquiera otras capacidades y hábitos adquiridospor el hombre como miembro de la sociedad” (E.B. Tylor,Primitive culture). Los criterios son tan variados que Kroeber yKluckhohn tratan de reducirlos a una docena, por ejemplo:grupo, tradición, totalidad, conducta, trasmisión no genética,valores, estilo. Además, clasifican las definiciones porsu énfasis: descriptivo, histórico, psicológico, estructural,genético. Pero la conclusión es aplastante: “tenemos muchasdefiniciones, pero poca teoría”. Esto, a pesar de que el libroempieza declarando: “la idea de cultura, en su sentido técnicoantropológico” tiene una “importancia explicatoria yuna generalidad de aplicación comparable a categorías talescomo la gravedad en física, la enfermedad en medicina, laevolución en biología”.Medio siglo después, la enciclopedia de Barnard y Spencerni lo intenta: Mucha tinta ha corrido buscando una definiciónde cultura capaz de aclarar eso que estudiamos los antropólogos.Aquí no lo intentaremos, “a pesar de nuestros mejoresesfuerzos por establecer linderos en torno a lo que vemoscomo nuestra propiedad intelectual”.Adam Kuper (Culture. The anthropologists’ account, 1999) vamás lejos: Lo aconsejable es que los antropólogos ya no hablemosde cultura, sino “más precisamente de conocimientos, ocreencias, o arte, o tecnología, o tradición”, según el caso. Elproblema de fondo es epistemológico y se produce cuando “lacultura deja de ser algo que debe ser descrito, interpretado,quizá hasta explicado, y pasa a ser tratado como la fuentemisma de la explicación”. No se puede “suponer que la culturase explica en sus propios términos”.Si todo es cultura, ¿dónde queda lo otro que permitesituarla científicamente y distinguirla de lo que no es cultura?La cultura se vuelve un absoluto, científicamente inexplicablee inexplicante. O se vuelve un corpus sólo inteligible encircularidades hermenéuticas, como las obras de arte y laliteratura. Pero esto desfonda las pretensiones científicas dela antropología. No queda más propiedad intelectual que laautoral: la que tiene el antropólogo como cualquier autor. Suheredad es el ensayismo.El boom de la antropología como ciencia de la culturaresultó un boomerang para sus ambiciones. Si nada de lo humanole es ajeno, si todo puede ser leído antropológicamente,todos pueden hacerlo. Lo dice literalmente el portal de aaa:“En cierto sentido, todos hacemos antropología.” En 1950,Hortense Powdermaker publicó Hollywood: el mundo del cinevisto por una antropóloga. La primera respuesta vino de la sociologíabritánica: En 1964, se fundó el Centre for ContemporaryCultural Studies en la Universidad de Birmingham, dedicadoal estudio de los medios, la cultura popular, las subculturas,con un sesgo militante inspirado en la Nueva Izquierda. Elentusiasmo se extendió por los Departments of English queadoptaron el “giro antropológico”, muy sumable a las posicionesfilosóficas postmodernas, para leer los textos, no comoliteratura, sino como documentos, en los llamados culturalstudies, muchos de los cuales son una parodia oscurantista delsaber (véase la compilación de críticas recogidas por DaphnePatai y Will H. Corral en Theory’s empire: An anthology of dissent).Como si fuera poco, apareció el multiculturalismo.La antropología siempre ha tenido algo de militanciamisionera. Es la cultura superior que trata de salvar, ya seaconvirtiendo a los indígenas, con el apoyo de las autoridades;o defendiéndolos de las autoridades; o tomándolos comoejemplo para la cultura superior: para criticarla o para quese supere; o negando la superioridad de cualquier cultura.Las posiciones van cambiando, pero no su invariante: el airesuperior.La cultura es insostenible como absoluto (no hay máscultura que la muestra) y también como relativismo negadorde que hay formas mejores de ser. La pasión libertaria queescribió en un muro de París: “Prohibido prohibir” teníarazón, poética. La contradicción dice algo muy difícil de decirde otra manera, menos aún tan bien dicho; y lo dice poniendoen evidencia su propia contradicción. Pero la contradicciónno puede ser fundamento científico. Curiosamente, gracias alos militantes de la antropología, la contracultura, los culturalstudies y el multiculturalismo, ya no es correcto decir que algoes incorrecto. ~Gabriel ZaidENSAYO92 Letras Libres abril 2007

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