Joan Scott propone el género como una herramienta analítica fundamental para comprender la historia, al definirlo no solo como una forma de diferenciar a hombres y mujeres, sino como un modo primario de significar las relaciones de poder; Scott sostiene que el género se construye a través de símbolos culturales, normas sociales, instituciones y subjetividades, y que su análisis permite cuestionar las explicaciones naturalizadas de la desigualdad, visibilizar a las mujeres como sujetos históricos y mostrar cómo las jerarquías de género atraviesan procesos políticos, económicos y sociales, transformando así la manera tradicional de escribir y entender la historia.
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