Es un texto crítico que cuestiona las ideas simplificadas y estereotipadas con las que suele pensarse lo rural en el discurso académico, político y cotidiano. González analiza los “lugares comunes” como nociones repetidas que se aceptan casi sin cuestionamiento y que terminan ocultando la complejidad del mundo rural. Entre estos supuestos se encuentran la idea de que lo rural es sinónimo de atraso, pobreza, aislamiento, inmovilidad o tradición, en oposición a lo urbano entendido como moderno, dinámico y desarrollado. El autor muestra que estas dicotomías no solo son analíticamente pobres, sino que también tienen consecuencias políticas, ya que legitiman intervenciones externas, políticas asistencialistas o proyectos de desarrollo impuestos.
/image%2F1380391%2F20160923%2Fob_3922df_ojos-grandes-margaret-keane.jpg)
/image%2F1380391%2F20260116%2Fob_f0faa6_a12f4.jpg)