Marcela Lagarde analiza cómo el patriarcado ha creado distintos espacios de encierro simbólico y real que limitan la vida y la libertad de las mujeres. Estos cautiverios no son únicamente cárceles físicas, sino formas sociales de control que se transmiten a través de instituciones como la familia, la religión, la justicia, la medicina y el Estado. A través de ellos se moldean los comportamientos femeninos y se establecen roles que garantizan la subordinación. Lagarde identifica cinco cautiverios principales: el de las madresposas, que reduce la identidad femenina a la maternidad y al matrimonio; el de las monjas, que representa el encierro religioso donde la sexualidad y la autonomía se subordinan a la Iglesia; el de las putas, que marca con estigma y castigo a las mujeres que ejercen o son acusadas de ejercer su sexualidad fuera de las normas patriarcales; el de las presas, donde el encierro en cárceles evidencia la reproducción de las jerarquías de género en el sistema penal; y el de las locas, en el que la psiquiatría y la medicina clasifican como enfermedad la rebeldía o la desobediencia femenina.
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