Federici desarrolla una crítica feminista al marxismo tradicional, señalando que muchas interpretaciones marxistas han ignorado o minimizado el papel central del trabajo reproductivo —es decir, el trabajo doméstico, de cuidados y de crianza— en la reproducción del capitalismo.
La autora sostiene que el salario no solo organiza la explotación en la fábrica, sino que también estructura relaciones de poder dentro del hogar. A través del salario, el capitalismo consolida el patriarcado, ya que históricamente ha asignado a los hombres el papel de trabajadores asalariados y a las mujeres el trabajo doméstico no remunerado. De esta manera, el trabajo de las mujeres queda invisibilizado, aunque es fundamental para reproducir la fuerza de trabajo.
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