Los autores explican que el sacrificio humano fue una práctica religiosa importante en muchas culturas mesoamericanas. Esta práctica estaba relacionada con la cosmovisión de estos pueblos, en la que se creía que los dioses habían creado y mantenido el mundo mediante sacrificios. Por ello, los humanos debían ofrecer sangre o vidas humanas para mantener el equilibrio del universo, alimentar a los dioses y asegurar la continuidad del cosmos. El texto también señala que el sacrificio humano llamó mucho la atención de los conquistadores y frailes españoles del siglo XVI, quienes lo describieron como una práctica brutal. Sin embargo, los autores explican que durante mucho tiempo estas descripciones influyeron en la manera en que se interpretó el fenómeno, generando visiones exageradas o moralizadas. Por eso, proponen estudiarlo desde una perspectiva científica y multidisciplinaria.
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