La autora explica que, aunque nació en esa región, su visión inicial estaba marcada por una mirada mestiza, que le impedía comprender realmente la realidad indígena. A través de su formación en antropología y de su investigación de campo, comenzó a cuestionar esa perspectiva y a descubrir una Huasteca distinta a la que conocía. Durante su trabajo de campo enfrentó varios desafíos. Uno de los principales fue la barrera del idioma, ya que en muchas comunidades se habla náhuatl, lo que dificultaba la comunicación y la obtención de información. También experimentó el hecho de ser observada como una persona extraña dentro de la comunidad, lo que le hizo reflexionar sobre la relación entre el investigador y las personas estudiadas.
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