Maurice Godelier analiza cómo el parentesco y el cuerpo no son realidades naturales, sino construcciones sociales profundamente vinculadas al poder, mostrando que las relaciones familiares, la filiación, la sexualidad y la reproducción están organizadas por sistemas simbólicos, económicos y políticos que producen jerarquías y desigualdades; Godelier sostiene que el parentesco no se reduce a la biología, sino que implica normas, valores y representaciones que regulan los cuerpos y legitiman formas de dominación especialmente de género, al tiempo que señala que estas estructuras pueden transformarse históricamente, lo que permite comprender al parentesco como un espacio clave donde se reproduce y se disputa el poder social.
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