Antonella Fagetti analiza cómo el control de la sexualidad femenina, especialmente la virginidad y la fidelidad, se articula con la patrilocalidad como eje central del modelo familiar campesino, donde las mujeres se integran al hogar del esposo y quedan subordinadas a la autoridad masculina; la autora muestra que la noción de pureza sexual funciona como un mecanismo simbólico y social de control que garantiza la legitimidad de la filiación, la transmisión del patrimonio y el honor familiar, revelando que estas prácticas no son naturales sino construcciones culturales que reproducen desigualdades de género y refuerzan el orden patriarcal en contextos rurales.
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