El autor explica que muchas crónicas, relatos y descripciones de la época presentaban a los indígenas como seres extraños, salvajes o incluso monstruosos. Estas imágenes no reflejaban la realidad de las sociedades indígenas, sino que funcionaban como una forma de justificar la conquista, la dominación y la evangelización. Carreño también señala que estas representaciones se basaban en la idea de la alteridad, es decir, en la construcción del indígena como “el otro”, alguien diferente y opuesto al europeo. Al representar a los indígenas como inferiores o peligrosos, los colonizadores reforzaban la idea de que la cultura europea era superior.
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