El autor critica la idea tradicional de que los grupos étnicos existen porque están aislados geográfica o socialmente. Barth argumenta que las diferencias culturales no se mantienen únicamente por el aislamiento, ya que muchos grupos étnicos siguen existiendo aunque haya contacto, intercambio o movilidad entre ellos. Uno de los aportes principales del texto es que los grupos étnicos deben analizarse a partir de sus fronteras sociales. Estas fronteras son los límites que separan a un grupo de otro y que permiten mantener su identidad colectiva. Lo importante no es tanto el contenido cultural (costumbres, lengua, tradiciones), sino los mecanismos sociales que mantienen esas diferencias entre grupos.
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