Es un texto clave para comprender de manera más precisa el materialismo histórico y para aclarar interpretaciones simplificadas o deterministas del marxismo. En esta carta, escrita en 1890, Engels responde a lecturas que reducían el marxismo a un economicismo rígido, es decir, a la idea de que la economía determina de forma directa y mecánica todos los aspectos de la vida social. Engels aclara que, si bien la producción y reproducción de la vida material es el factor determinante “en última instancia”, esto no significa que la política, el derecho, la ideología, la cultura o las tradiciones carezcan de autonomía o influencia.
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