Cuando se les pide a los antropólogos que contribuyan con un capítulo sobre etnografía para un Manual de Análisis Cultural, se espera que hagan precisamente eso: entregar algo práctico, conciso y lo suficientemente sólido como para ser de utilidad práctica. Aspiramos a la concisión y la solidez, pero seríamos insensatos o engañosos si diéramos la impresión de que lo que los antropólogos saben sobre etnografía puede ser fácilmente asimilado por otros.
Al mismo tiempo, es imposible escribir sobre etnografía e ignorar la actualidad o, podría decirse, la inflación desenfrenada del término. Intentar abarcar la etnografía en general sería una tarea inútil (incluso si ignoramos, como haremos, la «investigación cualitativa», un sinónimo frecuente de etnografía(1). En resumen, el propósito de nuestra contribución no puede ser añadir una pieza más al tratamiento de la «etnografía» en numerosas enciclopedias y manuales. En nuestro afán por ser útiles a los lectores de este manual, partimos de la premisa de que un público interdisciplinario no puede aprender (y mucho menos simplemente adoptar) lo que la antropología ya sabe sobre etnografía. Sin embargo, sí puede aprender de las experiencias que la antropología ha adquirido en el desarrollo de su discurso y sus prácticas.
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