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ANTRoPoLoGuíToSUV

ANTRoPoLoGuíToSUV

Repositorio Digital diseñado por el antropólogo David López Cardeña y Andrea Getzemani Manzo Matus con la colaboración de Natalí Alonso Aranda y Mariel Armenta Sánchez de la Facultad de Antropología de la Universidad Veracruzana, para apoyar el desarrollo académico de la comunidad antropológica. Bienvenidas en esta etapa a Alexandra Eleabet Tequihuactle Tzoyohua y Karina Isabel Santos-Quintero.

Publicado en por Mariel Armenta Sánchez
Pasos hacia el pensar latinoamericano propio II: educación concientizadora y liberadora

Según relata el “profesional desprofesionalizado” oaxaqueño Gustavo Esteva, fallecido hace unos días, en su contribución al famoso Diccionario del desarrollo, el entonces presidente estadounidense dividió en 1949 al mundo en una porción “desarrollada” y otra “subdesarrollada”. Con esta declaración dió inicio una época marcada por la sinonimización de “progreso” con “desarrollo”, que se plasmó en los años 1960 en el “Decenio para el Desarrollo” de las Naciones Unidas. Su fracaso hizo necesario su renombramiento como el primero de tres decenios sucesivos de este tipo, los cuales fueron seguidos luego por períodos más largos identificados con el nombre “Objetivos de Desarrollo del Milenio”, uno, y, el actualmente vigente, el de los “Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

            La enseñanza de leer y escribir se convirtió en uno de los ejes centrales de todos los programas “de desarrollo” en el Tercer Mundo. Además, la alfabetización parecía un objetivo autoevidente, que generaba un espontáneo apoyo general a dichos programas, tanto en el Norte como en el Sur del globo, pues ni el desarrollo económico, financiero y tecnológico moderno, ni la promoción de la democracia política se veían factibles en poblaciones analfabetas.

            Tan autoevidente era dicha estrategia que nada parecía más lógico que replicar en todo el mundo el sistema escolar infantil originado en la Europa decimonónica: un lustro o más de “educación” infantil obligatoria, naturalmente en la (muchas veces sólo supuesta) “lengua nacional”, con objetivos y contenidos fijados por alguna combinación de experta/os en pedagogía y burócratas administrativa/os, y llevada a cabo cada vez más en instalaciones creadas a propósito, casi siempre de tipo urbano-occidental, estandarizadas y, al menos en México, usualmente enrejadas. Naturalmente, entonces como hoy, las escuelas primarias en muchos poblados indígenas y rurales y en áreas urbanas pobres se distinguen enormemente de las escuelas frecuentadas por hija/os de familias pudientes y, por consiguiente, también los resultados del “proceso educativo” implementado en ellas. Igualmente se distinguen las tasas de analfabetismo funcional de la/os egresada/os de ambos estratos, y si bien el “éxito” escolar puede convertirse en casos particulares en fundamento del ascenso social individual (este tipo de “progreso” sigue siendo la esperanza que lleva a muchas familias sacrificarse durante años para solventar la educación formal y certificada de alguna/os de sus integrantes), la constante ampliación de la “población atendida” y del número de años de escolaridad obligatoria no ha eliminado la lacerante desigualdad social.

La alternativa propuesta por Paulo Freire

Uno de los autores latinoamericanos más publicados y traducidos en el campo de las ciencias sociales y humanas es, hasta el día de hoy, el brasileño Paulo Freire (1921-1998). Su importancia radica no solamente en su aguda crítica del sistema educativo colonialmente impuesto en toda América Latina y el Caribe, sino también en el diseño teórico de una alternativa. Igualmente importante fue la puesta en práctica de tal alternativa y la demostración de su factibilidad y buenos resultados.

            En el segundo capítulo de su Pedagogía del oprimido, Freire resume su crítica al sistema educativo como basado en una “concepción bancaria”, según la cual “el saber, el conocimiento, es una donación de aquellos que se juzgan sabios a los que juzgan ignorantes” (p. 79). Con ello, “lo que pretenden los opresores es transformar la mentalidad de los oprimidos y no la situación que los oprime. A fin de lograr una mejor adaptación a la situación que, a la vez, permita una mejor forma de dominación” (p. 81).
En cambio, la educación problematizadora, auténticamente reflexiva, concientizadora y liberadora se basa en la creatividad de la/os llamada/os educanda/os e implica el permanente desvelamiento de la realidad, de modo que ella/os “van desarrollando su poder de captación y de comprensión del mundo que, en sus relaciones con él, se les presenta no ya como una realidad estática sino como una realidad en transformación, en proceso” (p. 96).

            Como lo relata el politólogo uruguayo y especialista en educación popular Julio Barreiro en su introducción a otra obra muy conocida del citado educador y filósofo brasileño, La educación como práctica de la libertad, el método pedagógico inventado por Freire llevaba a que en mes y medio un iletrado adulto “aprendía a decir y a escribir su palabra. Alcanzaba a ser el dueño de su propia voz”. Tal éxito provocó la rápida multiplicación en todo el país entonces gobernado por un presidente izquierdista, de los “círculos de la cultura” para la alfabetización de los segmentos sociales más pobres y abandonados.

            Sin embargo, el golpe militar de 1964, el primero de toda una serie de llegadas de regímenes autodenominados “de seguridad nacional”, produjo el abrupto fin de esta pedagogía considerada peligrosa para la estabilidad del sistema social reinante, el breve encarcelamiento y luego el largo exilio de su carismático fundador, quien siguió desarrollando sus ideas y promoviendo su puesta en práctica en Sudamérica y África antes de poder regresar en los años 1980 a su país. Su concepción de la lecto-escritura como técnica civilizatoria y como toma de conciencia por parte de los oprimidos para posibilitar su liberación mediante un cambio radical del sistema, se vió reforzada también por las teorías de la evolución social, pues ya en 1936 el arqueólogo australiano-británico Vere Gordon Childe había diagnosticado en su obra Los orígenes de la civilización (caps. VII y VIII) la división social entre trabajo físico y trabajo intelectual como la base decisiva de la evolución del Estado como forma de organización sociopolítica dominante hasta el día de hoy.

            En América Latina, la perspectiva y las propuestas prácticas freireanas han sido aprovechadas de muchas maneras por un amplio abanico de grupos sociales y organizaciones populares comprometidas con una radical transformación del régimen social vigente, cuyo denominador común es el rechazo tanto de los modelos pedagógicos neocoloniales impuestos por instancias “expertas” norteñas y aplicadas dócilmente por los aparatos educativo-administrativos sureños, como de todas las estrategias de educación popular basadas en vanguardias iluminadas de cualquier especie, ya que ambos tipos de pedagogía reproducen la domesticación y dominación existentes. No puede sorprender que se ha tratado de aplicar dicha perspectiva alternativa, por ejemplo, en el ámbito de la teología de la liberación, en las llamadas Comunidades Eclesiales de Base (caracterizadas por su estrategia ver-juzgar-actuar) y organizaciones semejantes, o en algunas ramas del movimiento cooperativista, las cuales se han entendido como formas de organización económica no basadas en el capital, sino en el trabajo humano.
Educación superior, investigación científica y decolonialidad

Los (¿primeros?) dos años de la pandemia coronavírica han tenido como efecto en muchos lugares y segmentos del sistema educativo mexicano una fuerte reducción de sus actividades, mientras que en otros se han generado interesantes experimentos –no siempre exitosos– para compensar o sustituir las actividades presenciales imposibilitadas por otras, fundamentalmente de tipo digital. Sin embargo, la dinámica observable en las instancias federales y estatales y en la mayoría de las universidades, parece ser el desesperado intento de dar la impresión de estar reanudando sin ruptura la antigua “normalidad”. Pero ¿no niegan con ello tanto los estragos producidos por la pandemia en los programas educativos, como los potenciales de las innovaciones producidas para enfrentar la pandemia? Además, ¿no eclipsan una vez más así las muchas críticas fundamentales al sistema educativo mexicano en todos sus niveles, en los cuales, por cierto, la educación artística y la filosofía se hallan completamente arrinconadas? Especialmente en el nivel “superior”, su frenética sucesión de “modelos” y de “actualización de planes de estudio” revelan, al igual que sus tsunamis evaluativas, una concepción del proceso de enseñanza-aprendizaje técnico-fabril. Tal proceso es controlado por mecanismos gerencial-burocráticos basados en indicadores cuantitativos, que convierten a la/os educanda/os en clientes y reducen a la/os docentes a “impartidora/es” de módulos prefabricados, supuestamente orientados por las necesidades del mercado.

            Dicha crítica incluye también la principal función sustantiva de la universidad, o sea la investigación en ciencias naturales, exactas, sociales y humanas. Pero la única respuesta gubernamental a las quejas sobre la precarización de la universidad pública, o sea, sobre los limitados salarios y presupuestos de operación, las exiguas y generalmente desactualizadas bibliotecas y las insignificantes infraestructuras tecnológicas parece ser la implantación de una combinación de sistemas estajanovianos de estímulos con abundantes “evaluaciones” sobradamente cuantitativas y cortoplacistas. ¿Realmente alguien cree que así se podrá evitar futuras repeticiones de la nula aportación científica latinoamericana propia (con excepción de la cubana) al combate de la pandemia coronavírica?

            ¿Pero no será una de las causas principales de esta ignominiosa situación la concepción ampliamente difundida entre muchos funcionarios universitarios de que la universidad constituye algo así como una “Escuela Preparatoria II”, o sea el último peldaño de un sistema pedagógico cortado con la misma tela de todos los demás niveles previos, para reproducir el sistema, situación que empieza a corroer incluso el nivel de posgrados?

            ¿No sería el actual ocaso de la antigua normalidad la ocasión propicia para repensar todo el sistema pedagógico en América Latina y el Caribe con una  perspectiva auténticamente decolonial? Una perspectiva relativa a la educación de niños, jóvenes y adultos, en la que han estado confluyendo los esfuerzos de mucha/os pensadora/es teórica/os y de mucha/os educadora/es práctica/os, aunque no toda/os llegaron a combinar tan estelarmente la teoría con la práctica.

            Para ello, debería dejarse de moldear las instituciones universitarias de acuerdo con los habituales modelos de primaria, secundaria y preparatoria dedicados a garantizar la subordinación política y la domesticación mental y económica de la/os futura/os ciudadana/os y consumidora/es. ¿No tendrían que reconstruirse –tal vez desde la reorganización de la universidad–, estructuras y procesos pedagógicos para que estudiantado, personal académico y apoyos técnico-administrativos puedan dar rienda suelta a la fascinación por la aventura intelectual de descubrir, despertar, guiar, incrementar potenciales humanos creativos, curiosos, críticos, emancipatorios –precisamente en el sentido liberador de la pedagogía de Paulo Freire–?

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Publicado en por Mariel Armenta Sánchez
La etnografía. Método, campo y reflexividad

¿Acaso vale la pena escribir un volumen sobre trabajo de campo etnográfico en los albores del siglo 
XXI? ¿Por qué alentar una metodología artesanal en la era de la informática, las encuestas de opinión y el Internet sólo para conocer de primera mano cómo viven y piensan los distintos pueblos 
de la Tierra? 
Las vueltas de la historia relativizan las perplejidades de este mundo globalizado, pues el contexto de surgimiento de la "etnografía" se asemeja mucho al contexto actual.

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Publicado en por Mariel Armenta Sánchez
Cartas de una antropóloga

En este volumen se reúnen las cartas que la antropóloga Margaret Mead escribió, desde la Polinesia, durante cincuenta años, entre 1925 y 1975. Concebidas al principio, en tono coloquial y personal, para ser leídas por un pequeño grupo de amigos, fueron, poco a poco, más allá de la intimidad de los pequeños círculos. Constituyen una incomparable aventura antropológica, animada por encuentros con la brujería, terremotos, volcanes, por una continua andanada de nuevas visiones, olores, experiencias.

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Publicado en por David López Cardeña
Tópicos bioculturales. Reflexiones sobre el concepto de bioculturalidad y la defensa del patrimonio biocultural de México

La idea de     lo    “biocultural”    se     ha    convertido    en     muy    breve tiempo    en     un    nuevo    campo    de     la investigación científica,     de     la     discusión     intelectual     y     de las novedades periodísticas. Un campo    novedoso,     prometedor, trascendente, controversial     y   apasionante.    Sus    orígenes,     de     apenas    un    par     de    décadas,    proceden    de     la    confluencia    
de     dos    corrientes    de    exploración:    la    diversidad     biológica     y     la    diversidad     cultural,    cada    una    realizada     por investigadores    de    disciplinas completamente    diferentes.    La bioculturalidad (en     un     país    como     México) es     algo    que    se     vive    y     convive en     la cotidianidad. La     presencia    de     pueblos     originarios     y     otras     etnias    fuertemente    
vinculadas     a    su     entorno    natural, lo perfilan    como    un    espacio    en     donde    las    culturas    y las    naturalezas    se     recrean    mutuamente.

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Publicado en por David López Cardeña
La memoria biocultural: la importancia ecológica de las sabidurías tradicionales

La memoria permite a los individuos recordar los eventos del pasado. Como los individuos, las sociedades poseen también una, una memoria social. En ambos casos, esta capacidad de recordar resulta crucial porque ayuda a comprender el presente y, en consecuencia da elementos para la planeación del porvenir y sirve para remontar eventos similares ocurridos anteriormente, y aún sucesos inesperados. Como los individuos y los pueblos, la especie humana también tiene memoria, y ésta permite develar las relaciones que la humanidad ha establecido con la naturaleza, soporte y referente de su existencia, a lo largo de la historia. Aunque todas las especies tienen en teoría una memoria que les permite mantenerse y sobrevivir en el cambiante concierto de la historia natural, la especie humana es la única que puede hacer consciente, revelarse a sí misma, los recuerdos que integran su propia historia con la naturaleza.

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Publicado en por Mariel Armenta Sánchez
Introducción crítica a los orígenes y fundamentos teóricos de la antropología ambiental o ecológica. Una ciencia con mucho maná y cargos (cult) posos

Con base en la determinación sintética de lecturas antropológicas, el artículo identificará algunos de los principales argumentos que han marcado el desarrollo de la antropología ecológica. Se hacen explícitos los principales hallazgos en función de la interacción compleja que acontece en el estudio de la relación ecosistema cultura como las antinomias intelectuales que han marcado el desarrollo de la disciplina y que hacen de ella una ciencia que, en su identidad, algunos pretenden como ligada a las ciencias naturales y otros a las humanidades.

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Publicado en por David López Cardeña
La red de la expansión humana

Las disciplinas científicas se necesitan mutuamente: ninguna teoría es por sí misma suficiente para explicar satisfactoriamente un solo acontecimiento. Tampoco el evolucionismo explica toda la realidad habida y por haber. Lo que resalta el dicho de Dobrzanski es que el estudio de la evolución nos proporciona un conocimiento esencial sobre la naturaleza del mundo, del cual no podemos hacer caso omiso ni siquiera en una ciencia tan autónoma como la antropología.

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Publicado en por David López Cardeña
David Robichaux. Un modelo de familia para el México Profundo

El concepto de Mesoamérica, que surgió originalmente a raíz de los estudios de arqueología y de historia cultural, se construyó a partir de una serie de rasgos -fundamentalmente de cultura material- presentes en casi toda el área cultural y constatables por los métodos arqueológicos. A pesar de que los primeros etnólogos que llevaron a cabo investigaciones en pueblos actuales de México y Guatemala hicieron suyo este concepto, estudiosos posteriores lo rechazaron y así quedó relegado a un concepto válido para una cultura "muerta", no aplicable a los pueblos mesoamericanos de hoy. Sin embargo, un conjunto de rasgos específicos, localizados, relativos a la reproducción social de los grupos domésticos y de parentesco, reportados desde Nicaragua hasta los límites septentrionales del área geográfica tradicionalmente definida como Mesoamérica, atestigua la presencia viva de un patrón cultural muy antiguo de organización familiar y de parentesco.

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Publicado en por David López Cardeña
Cabezas de campo, hechos de experiencia

Artículo de revisión sobre últimos trabajos etnográficos de campo en ciudades de América Latina, en particular en investigaciones sobre cultos de posesión espiritual y espacios marginales.Se puede decir que el autor comparte una pasión y orientación hacia la producción teórica, y una provocativa reflexión y preocupación por la gestación epistemológica y metodológica, y todo ello a partir de sus trabajos de campo en escenarios complejos y de intenso contacto con el margen.

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Publicado en por David López Cardeña
Juego profundo: notas sobre la riña de gallos en Bali

Basado en su tiempo en Bali durante la década de 1950, Clifford Geertz escribe sobre el fenómeno cultural de las peleas de gallos.

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